¿Quizás a veces empiezas a impacientarse un poco? Te impacientas por pasar al siguiente ejercicio… por acabar una sesión… por ver beneficios en tu vida cotidiana…

Exigir resultados inmediatos no es realista: todos los aprendizajes (aprender a caminar, a leer, a montar en bici, a conducir, a jugar a tenis) requieren tiempo. ¿O es más bien pereza?

Identifica esos pensamientos relacionados con la pereza, anótalos en un cuaderno mental y observalos con cierta distancia: ¿qué pensamientos te frenan?

  • No te gusta demasiado esforzarte en general y tu pereza natural te quita un poco de entusiasmo. No te culpes, no te pongas ninguna etiqueta, es completamente normal.
  • Tienes tendencia a renunciar incluso antes de empezar. Nos pasa a todos.
  • Estás harto/a, tienes la impresión de que tu mente y tu cuerpo están hartos de meditar. Esos pensamientos son muy habituales, y no pasa nada.
  • Sientes un deseo irreprimible de hacer pequeñas tareas u otras cosas menores en lugar de meditar, aunque reconoces su importancia. Es un clásico.

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