Has decidido empezar a meditar y seguro que tienes un objetivo en mente. Tal vez estés en busca de un cierto apaciguamiento, de un mayor bienestar, de un mejor sueño... las motivaciones pueden ser varias y variadas. Al comprometerte con la práctica de la meditación, es importante que tus intenciones sean claras para mantener la motivación.

Sin embargo, trate de no convertir estas intenciones en objetivos cuantificables. Tienes expectativas y probablemente quieras analizar tus progresos: te aconsejamos que abandones esas expectativas y te olvides de tus ideas sobre lo que debe ser una sesión de meditación eficaz. Analizar si tus expectativas se están cumpliendo o no introduce nuevos pensamientos que oscurecen la visión que estabas empezando a tener de tu mente. La meditación te ayuda a estar presente, y es importante evitar introducir charlas nuevas y molestas.


Si sientes que no estás progresando, trata de volver a tus motivaciones: si son internas, sólo fíjate en tu nivel de presencia consciente al final de cada sesión, ya que para el resto, puede ser difícil juzgar la mente que se está juzgando a sí misma 😉.

Si tus motivaciones son externas o están ligadas a tus relaciones con los seres queridos, ¿cómo puedes valorar el cambio? Tal vez les pregunte. Tal vez los incluya en tu camino para ayudarte a mantener algo de esa calma o serenidad cuando interactúes con ellos.

 

 

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