¡Por supuesto que los niños pueden meditar! Y puede ser incluso más fácil de lo que crees.
Los más pequeños viven más en el presente que los adultos. No se proyectan en el futuro ni se quedan anclados en el pasado. A medida que crecen, el ejercicio se complica un poco.
Se puede iniciar a los más pequeños en la respiración a partir de los 3 años (con ejercicios adaptados). Pero, según nuestra experiencia, los 4-5 años es el momento adecuado para empezar a meditar con nuestros programas, aunque esto puede variar en función de cada niño.
Numerosos estudios científicos confirman los beneficios de la práctica de la atención plena en los niños y también en el ámbito escolar.
Una práctica regular tiene efectos beneficiosos sobre:
- el nivel de estrés y ansiedad
- la confianza en uno mismo
- la calidad del sueño
- la inteligencia emocional
- la capacidad de atención y concentración
- el desarrollo de las habilidades psicosociales (relaciones con los demás)
- la convivencia, el clima escolar
Estos estudios destacan especialmente los beneficios de la práctica para los alumnos con dificultades (ansiedad, problemas de comportamiento, situaciones familiares complejas, etc.). Es en ellos donde la diferencia antes y después es más evidente.
Te invitamos a que lo compruebes tú mismo con tu clase, observando con curiosidad la serie de pequeños beneficios que pueden aparecer tras solo 10 minutos de práctica repetida con regularidad.
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