Nuestra respiración desempeña un papel fundamental en nuestro equilibrio, tanto en los adultos como en los niños. Por eso, respirar en la escuela es una buena idea.
La respiración consciente es una herramienta para aprender mejor:
Al practicar la respiración consciente, los niños estimulan su cerebro. La respiración profunda aporta más oxígeno al cerebro, lo que favorece la claridad mental y la memoria. Al actuar sobre el sistema parasimpático (relacionado con la relajación), la respiración también permite a los niños reducir las distracciones y el estrés, lo que favorece la concentración. Los alumnos están más tranquilos y atentos.
También es un reflejo para toda la vida:
Aprender a utilizar la respiración para concentrarse, aceptar las emociones o afrontar el estrés es ofrecer a los alumnos una herramienta de equilibrio que les acompañará toda la vida. La respiración, siempre disponible, se convierte en un aliado precioso para acompañar tanto a los niños como a los adultos ante los retos de la vida, ya sean escolares, personales o profesionales.
Ofrece confianza y autonomía:
Saber que puedes utilizar esta herramienta, especialmente para superar emociones difíciles, aporta confianza. Los niños descubren que tienen en ellos mismos la capacidad de afrontar situaciones difíciles.
Y genera una dinámica positiva en la clase:
Respirar juntos, de forma sincronizada*, en simbiosis, crea un vínculo especial en la clase. Esta práctica influye en el ambiente de la clase, en la comunicación entre los alumnos y modifica, para mejor, la relación con el profesor, que respira como los niños.
*La respiración sincronizada es una respiración guiada y compartida por un grupo. Cuando varias personas respiran al unísono, se crea un vínculo, una relación especial entre los dos sistemas nerviosos. Contribuye a reforzar los lazos sociales entre profesores y alumnos, pero también con los padres de los alumnos, al compartir una práctica que se puede trasladar fácilmente al hogar.